sábado, 8 de septiembre de 2018

Sentir

Sentir es esa cosa tan inútil que hacemos los humanos, pero que no podemos evitar hacer. Aunque queramos. Si no me gustara tanto esto de escribir y contar historias creo que probablemente me habría sido psicólogo. Aunque supongo que tampoco están tan lejos de los sentimientos. Cuando escribo intento manipular los sentimientos de quien me lee, ya sea para provocar tristeza, drama, tensión... en mi caso, casi siempre la risa, que no deja de ser otro sentimiento, la muestra más grande de la felicidad.
Pero sin duda el sentimiento que más nos trae de cabeza a todos desde que lo descubrimos hasta que nos vamos de este mundo es el amor. Me refiero al "amor romántico", claro. Aún me acuerdo de cuando tenía 17 años y mi profesor de filosofía me hizo una pregunta: "¿Qué es para ti estar enamorado, Marcos?" (me lo preguntó a mí porque sabía que estaba empezando con Melissa y estaba que bebía los vientos por ella, como el adolescente enamorado que era). Y en ese momento te crees que lo sabes: ¡qué va a ser! Pensar en ella, verla como un ser especial, que todo gira a su alrededor, que no piensas en otra persona... "Entonces, Marcos, ¿yo estoy enamorado de mi hijo? Porque eso que dices lo siento por mi hijo...", "Bueno..." - dijo otro de los alumnos - "no creo que usted haga con su hijo lo que Marcos hace con su novia", "¿Entonces todo se reduce al deseo sexual? ¿Entonces estoy enamorado de Angelina Jolie?". La propia Melissa me llegó a decir una vez, también por aquella época, "Si te has imaginado besando a alguien, es que estás enamorado de ella". Estamos en las mismas, yo a estas alturas debo de estar enamorado de medio Pornhub. O el método supercientífico de "Si quieres desenamorarte de alguien, imagínatelo cagando". Debo tener una armadura contra eso o algo pero, por lo menos a mí, no me funciona.
Pero bueno, éramos críos, teníamos 17 años. A estas alturas tenemos más definido qué son los sentimientos, ¿no? ¡Pues no! Es que ahora, ¡lo tenemos hasta peor! En el instituto "gustar" y "estar enamorado" eran prácticamente sinónimos. Ahora, tenemos un abanico amplio de matices "gustar", "encapricharse con", "estar colado", "estar encoñado", "estar enamorado", "querer a alguien"... ¡y yo qué sé en qué puto punto de esa escala están mis jodidos sentimientos! Es que hasta el término "estar confundido" entra en ese abanico. ¡"Estar confudido"! Es como decir "¿Sabes qué? ¡Ni puta idea! Estoy entre me la quiero follar y quiero pasar la vida con ella, pero no sé cuál...". A veces creo que la etiqueta que le pongamos a nuestros sentimientos depende de los que la otra persona tenga por nosotros: que son correspondidos, estoy enamorado, que no son correspondidos, es sólo un cuelgue. Bueno, o así lo autodefinimos nosotros, tratando de autoengañarnos.
Y nosotros somos relativamente fáciles de engañar, incluso cuando ese engaño nos lo producimos nosotros mismos, pero a los sentimientos es muy difíciles engañarles. ¿Sabéis cuando salís, tenéis ganas de juerga, y os sentís muuuy cansados y con ganas de dormir, tratáis de engañaros a vosotros y a vuestro cuerpo pero no dejáis de sentiros cansados? Pues con estas cosas pasa exactamente lo mismo, te autoconvences de que no, hasta que de repente te sorprendes sintiendo lo último que deseabas sentir... me estoy explicando como el culo, pero seguramente al que le ha pasado me entenderá. A veces creo que deberíamos tener conversaciones con nosotros mismos estando borrachos para conocernos mejor, creo que es la mejor forma de ser sincero (y grabar esas conversaciones, que en ese estado es fácil olvidar las cosas).
Y lo peor es que... ¡joder, ni siquiera puedes elegir por quién sientes cosas! Cuando te pones a pensarlo, ¿no es un poco injusto? ¿Por qué no puedo elegir algo tan importante para mi vida y para la de otra persona como por quien me siento atraído? Esta mierda es tan aleatoria que de repente puedes sentirte enormemente culpable por sentir. Vamos, por sentir por quien no debes. Y sabe Dios (bueno, o la vida, o las estrellas, o los cocodrilos con labios grandes, o lo que sea que haya si hay algo...) que lo último que quiero es joder las cosas sintiendo. Vamos, que siento sentir lo que no debería sentir. ¡Qué manera de complicar las cosas! Con lo fácil que sería todo sin amor... Empiezo a pensar que el amor es... como comer pizza (¿qué sería de este blog sin las metáforas centradas en pizza?). Esta genial, es probablemente una de las mejores cosas del mundo, pero ese gusto dura muy muy poco y, encima, en exceso te hace sentir mal. ¡Pero incluso con la pizza eres TÚ el que eliges qué pizza te gusta! No es "tu estómago" el que te dice "Carbonara... toma Carbonara...", "No, pero la cabonara no me conviene. Me sienta mal" "Da igual, a ti te gusta la de Carbonara...", "¡Nunca me ha gustado la carbonara!", "¡Sí te gusta!". ¿Por qué el corazón tiene ese poder sobre las personas que el estómago no tiene? ¡Déjame elegir a mí la pizza que quiero! ¡Déjame elegir a mí con quién me siento a gusto! Tengo 29 putos años, ¿cómo puede ser que siga sin saber responder a aquella pregunta de mi profesor de filosofía?