viernes, 14 de julio de 2023

En el humor siempre hay dos capas

 No, este no es una de esas entradas rollo "no existen límites en el humor", o para hablar de lo "políticamente correcto" ni nada de eso. De ese tema, sinceramente, estoy cansado y me apena la opinión de personas con las que ideológicamente coincido pero que retroceden (sí, retroceden) tanto en este tema en concreto (no, el humor no ha de ir siempre de abajo a arriba, eso es simplificar el tema un montón). Pero bueno, ese será otro tema para otro día. Hoy quería hablar del gran mérito del humor como género.

Porque sí, el humor, o más bien la comedia si queremos ser más estrictos lingüísticamente como género es una cosa apasionante y que consiste en un reto increíble para todo el que mete la mano en él. Y aquí ya no hablo como espectador, sino, como... bueno... lo que quiera que sea yo. Llamémoslo persona que de vez en cuando ha metido la cabeza en el tema y alguna vez hasta me han pagado (poco, como a todos) por ello. ¿Qué tiene de especial este género? Para dominar el drama, tienes que dominar el drama, para dominar la ciencia ficción, tienes que dominar la ciencia ficción, para dominar el misterio tienes que dominar el misterio, , para dominar un videoclip tienes que dominar el género del videoclip, para dominar la comedia... tienes que dominar todo lo anterior, y más. Sobre todo porque la comedia al final es eso, un género de contrastes, pero para que haya contraste tiene que haber digamos un elemento contrastado. A ver, os pongo un ejemplo, me pasaron el vídeo musical de la DOP de este año, que lo cuelgo aquí por cierto:



No voy a hacer un análisis hipermega super exhaustivo, porque no soy quien ni tengo derecho. Pero el ejemplo de contraste, al menos para mí, es claro, entre la letra con tinte cómico y un videoclip y canción que podrían ser perfectamente un videoclip "serio" si no fuera por la letra. Buena parte de la gracia es el de saber imitar técnicamente la canción original, cosa que está hecha con mucho mimo y profesionalidad y que nada tiene que envidiar a lo que la señora Shakira hizo en su momento (si me apuras, más podría tener que envidiar Shakira, pero eso ya es opinión personal). Pero es que, además, le añades el plus de que tiene gracia, y es una capa más en la que todos los involucrados tienen que trabajar. Otro ejemplo de este estilo sería mi super admirado Weird Al Yankovic. Poco puedo decir que no haya dicho ya de este maestro de la comedia musical. Pero su videoclip de "You don't love me anymore" es una maestría en cuanto a la dominación de dos géneros a la vez en un sólo videoclip:


Aquí la parodia es menos directa, pero el estilo es claro: típico videoclip ochentero de un señor que canta porque su amada ya no le ama. Todo, absolutamente todo está ambientado para que pensemos eso: la música, el tono del cantante (tristón), el videoclip, la ambientación, hasta el título de la canción: "You don't love me anymore" (Ya no me quieres) te llevan a esa dirección. Todo en un contraste magnífico con la letras que es la que provoca la comedia: 

I knew that we were having problems when / Supe que teníamos problemas cuando

You put those piranhas in my bathtub again / Volviste a meter aquellas pirañas en la bañera

You're still the light of my life / Sigues siendo la luz de mi vida

Oh darling, I'm beggin', won't you put down that knife? / Oh, mi amor, por favor, ¿podrías bajar ese cuchillo?


(Y así perlitas varias)


Fijaos una cosa: esa misma letra con otro tipo de videoclip, con otro tono en la canción (quizás más de terror en vez de tristón) y otro tipo de ambientación no tendrían ninguna gracia. Todo el conglomerado, medido fotograma a fotograma de lo que vemos y frecuencia a frecuencia de lo que escuchamos, es lo que hace la comedia.


También el ambiente se rompe de vez en cuando con situaciones absurdas e hiperbólicas (el pianista que pierde la mano, el fan que enciende un soplete en vez de un mechero...). Mi favorito es cuando el cantante prepara cuidadosamente la guitarra para ponerse a tocar en el puente de la canción, y cuando parece que está a punto de tocar, deja inmediatamente la guitarra a un lado. Son esos detallitos chorras que a mí me encantan. 





Pero esto no se queda sólo en los videoclips, estoy últimamente maravillado con la mockumentary de Netflix El mundo según Philomena Cunk. Sino lo habéis visto, ¡por dios, no sé a qué esperáis!


Aquí vuelve a lucirse el contraste: todo está ambientado para que nos creamos que esto es un documental. No un documental cualquiera, ¡un documental nada menos que de la BBC! El tipo de planos de la presentadora, los planos recurso, el montaje, las entrevistas con los típicos planos a tres cámaras (plano entrevistado, plano entrevistadora, plano máster) que he tenido que hacer como ayudante de cámara qué sé yo cuántas veces en mi corta carrera... Técnicamente no se diferencia de ningún tipo de documental. Si yo tuviera que grabar o editar un documental como este, la técnica no sería diferente que la que haya utilizado en ningún otro documental. Lo mismo la actriz que interpreta a la presentadora del documental. Tanto en las locuciones, como en las entrevistas como cuando habla a cámara, incluso, si me apuras, su manera de caminar, están estudiadas minuciosamente para ser, eso, la presentadora de cualquier tipo de documental. De nuevo, como en el caso del videoclip de la DOP, nos encontramos con algo que podría ser perfectamente un formato "serio" en lo técnico, pero que, en este caso el guion, "rompe" esa fantasía, llevándonos al mundo de la comedia. Ambas formas llevadas de formas minuciosas y magistrales. Si el formato no se hubiera esforzado tanto en parecer un documental de verdad perdería gran parte de la gracia. 


Estos días estoy grabando algo que no me dejan decir aún (ya daré la murga, no os preocupéis), pero es un proyecto en el que estoy trabajando con Lucía Fernández Carracedo, una actriz magnífica, super fácil de dirigir y con la que estoy encantado de trabajar. Estuvimos hablando un rato de comedia y qué es lo que realmente hace gracia de una escena, y ella ponía el ejemplo de la risa, digamos, más típico: el clown. El clown jamás intenta ser gracioso... irónico, ¿no? No pude estar más de acuerdo. Cuando tú te partes de risa con Pepe Viyuela, nos contaba, no te ríes porque Pepe Viyuela se haga el gracioso, te ríes por cómo se frustra con algo tan sencillo como querer plegar una silla (min 9:05).




"Bueno", podrá pensar alguno, "pero aquí no hay doble capa, es comedia pura y dura, ¿no?". ¡Pues no! Hasta ahora encontrábamos comedia combinada con otro género. Aquí la combinación no es tan clara, pero la hay: lo que este hombre, y todos los grandes "clowns" hacen, es una exhibición asombrosa de dominio de expresión corporal. Casi me atrevería a decir que es un baile, una coreografía, estudiada para ir, en vez de al ritmo de la música, al ritmo de una historia (en este caso, la silla). El clown es consciente que un movimiento mal hecho puede hacer que la silla no esté donde debe estar para que funcione el siguiente "gag", y, aunque seguro que tiene recursos si ello llegara a pasar, no me queda duda de que cada movimiento que hace durante este y otros números son fruto de un "baile" que lleva haciendo años y años, como cuando Michael Jackson bailaba "Billie Jean" en todos sus conciertos, pero iba mejorando año a año incorporando pasos nuevos.


En definitiva, y para terminar esta chapa, lo que me maravilla del humor ya no es solo que te haga pasar un rato agradable y te haga olvidar de todos tus problemas durante un ratete (que sí, eso es lo fundamental, claro está), lo que me maravilla cada vez más, al menos como persona que ha estado "dentro" alguna vez, sobre todo en el apartado técnico, es que, a diferencia de un "simple" documental, videoclip, drama... lo que sea, donde te quedas ahí y ya está tienes dos capas que dominar perfectamente, y que una no funciona sin la otra. Por eso hacer comedia es, como mínimo, el doble de difícil, que hacer cualquier otro tipo de género. Eso sí, también os aseguro, que es el doble de gratificante.

miércoles, 7 de diciembre de 2022

¿Ser o no ser? He aquí la cuestión de la depresión

  Hace tiempo que tenía ganas de escribir sobre la depresión, al menos cómo la estoy viviendo yo. No quiero hablar como experto, ni como héroe, ni como mártir. Sólo como persona que ha pasado esa enfermedad que, supongo, la gran mayoría de gente ha pasado sin saberlo. Reconozco que la idea de escribir sobre esto se me quitó de la cabeza las últimas dos semanas o así. A pesar de "mis mierda" me sentía mucho mejor, y tenía (o parecía que tenía) una actitud diferente hacia la vida. Pero esta semana, semana y algo he vuelto a sentirme "embajonado" y esta mañana me he vuelto a despertar con esa sensación que creía olvidada y superada, y creo que no es mal momento para escribir sobre ello. De nuevo, no porque piense que soy un mártir, un héroe, ni vaya a inspirar ni ayudar a nadie, sino porque siento la necesidad de hacerlo, sin más.


Y es que para muchos, la persona depresiva es sólo ese tipo de persona que va por las esquinas llorando, no quiere salir, está siempre triste y se quiere suicidar. Repito (creo que lo voy a repetir mil veces esta entrada, pero quiero dejarlo super claro, porque este tema es muy serio y sensible) que no soy ningún experto, pero supongo que sí que habrá un tipo de perfil depresivo que cumpla esas condiciones. Mi caso personal es diferente. En este caso siempre me he sentido muy identificado con Hamlet, el inmortal personaje de Shakespeare. Os pongo en contexto: me acuerdo perfectamente de cuándo leí Hamlet por primera vez en la facultad. Como todos cuando lo cogemos por primera vez, nos esperamos una versión más adulta de El rey león (anda que no han dado la turra estos veinticinco años con que esa peli es una adaptación de la obra del británico). Todos empezamos a leer con una idea preconcebida, y más o menos conociendo qué es lo que iba a pasar. Pero a la hora de analizar, nuestros profesor de Shakespeare (sí, teníamos una asignatura sólo de Shakespeare, y fue de las que más disfruté en la carrera) nos pidió algo que me cambió la visión a la hora de ver esa obra y cualquier otra (también audiovisual): "Leerlo como si no supierais qué va a pasar, analizad la historia con ojos vírgenes". Las capas de aquella obra presentaba, con aquella nueva visión, me resultaron increíbles. No voy a dar el coñazo con esto, porque no es de lo que quiero hablar, pero sí había una cosa que hizo que viera al príncipe de Dinamarca de forma muy diferente para siempre. Al principio de la obra, Claudio se presenta como un buen rey, sabio, amable y bondadoso que incluso ofrece a Hamlet su hombro, apoyo y ayuda después de haber perdido a su padre. Un buen tío, vamos. Siempre saludaba. De repente, Hamlet se entera a través del fantasma de su padre (que por cierto, como curiosidad, hay quien dice que fue el propio Shakespeare el que interpretó al fantasma en las primeras representaciones de la época) que aquella amabilidad es sólo una fachada. Y Hamlet empieza a "volverse loco". A sospechar de todo el mundo. Si Claudio había sido capaz de engañar con su bondad a tanta gente, cualquier podría. ¿Realmente le quería Ofelia, su novia? ¿Realmente le quería su madre? ¿Si quiera se querían sus padres? ¿La gente que le rodeaba estaba a gusto de verdad con él? Todas esas "paranoias" le acaban volviendo literalmente loco. ¿Vale la pena vivir en un mundo que no es de verdad? ¿Me mato o no? ¿Ser o no ser? Pues esa paranoia de lo que se pueda decir a mis espaldas, es un tormento muy grande, una losa absurda que cuanto más conozco al ser humano más me cuesta aceptar. ¿Cuántos "No pasa nada" que me han dicho han sido sinceros? ¿Cuántas disculpas han sido de verdad? Seguro que os ha pasado mil veces, estar con alguien y oirle decir "No te preocupes, si necesitas ayuda, aquí estoy. No hace falta que te disculpes. Venga, llámame sin problema" y en cuanto ese tercero/a se aleja, oir "Joder, qué pesado. No le aguanto.". Para mí, vivir esa situación es como cuando a Hamlet se le aparece el fantasma de su padre, si supuestamente no aguantas a esta persona con la que has sido superamable hace unos minutos... ¿cómo puedo confiar en la amabilidad que me has podido mostrar alguna vez? ¿Cómo me puedo asegurar que no me haces lo mismo a mí? No puedo. Tengo que vivir con ello. Con esa duda. De repente, detrás de cada detalle, ves una especie de "complot", de señalamiento, de burla, o incluso de evitarte lo más posible, como ese ser repugnante que no sabes si te consideran. Ser o no ser, he ahí la cuestión. ¿Cuál es la más digna acción del ánimo, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta u oponer los brazos a este torrente de calamidades y darlas fin con atrevida resistencia?

Ese miedo a esas voces que en tu cabeza se oyen a tus espaldas, hace que una "vocecita" (dicho en un sentido metafórico, que lo contrario ya rayaría la esquizofrenia), "justifica" esas críticas e incluso se las adelanta: "¿Cómo no van a hablar mal de ti, si eres tonto? ¿Cómo no se van a reír de ti si eres gordo? ¿Cómo no van a querer tenerte lejos si no haces nada bien? ¿Pero tú te has visto bien? ¿Quién va a querer estar contigo toda la vida sino te soporta nadie ni cinco minutos?". El cerebro se ha entrenado (lo has entrenado, más bien, casi sin querer) para adelantarse a esas críticas que vienen de fuera, porque, ingenuamente piensas, que así te harán menos daño. Pero no. Las voces de otros no las puedes callar (sean de verdad o no), y encima, tienes unas voces dentro que te machacan aún más. Es extraño y difícil de explicar, porque tan pronto sientes como que eres una mierda que no has hecho más que decepcionar a todo el mundo que te rodea (incluido a ti), y otras sientes que todo el mundo es una mierda y no han hecho más que decepcionarte (incluido tú mismo). 

La soledad, la falta de apoyo que he sentido tantos años siempre no ha ayudado a que este estado mental del que tantísimo cuesta salir (estoy en ello, pero va y vuelve) vaya a mejor. Y lo que más me jode, es que con la edad hay cierto agravante. No quiero hacerme la víctima, aún soy joven, pero los treinta es una edad difícil, y más en mi situación: no he conseguido emanciparme, no tengo un trabajo que me mantenga y me permita vivir por mí mismo, no tengo pareja, no tengo amigos, no tengo prácticamente a nadie a quien llamar un día de estos de "Necesito quedar con alguien a tomar algo, a charlar, a planear un viaje...". No sólo no lo tengo, sino que los pocos que he tenido han sabido darme la puñalada en mis momentos de mayor depresión (que no es este, por suerte) y darme la puñalada definitiva que hiciera confirmar que mi estado "Hamlet" no era tan "paranoico" como pudiera parecer. Pero a esto, se le une la falta de algo que he perdido y que echo de menos: antes (hace no tanto), tenía al menos esperanza. Esperanza que si me seguía esforzando todo iba a cambiar. Que en no mucho tiempo mi esfuerzo sería recompensado, tendría con quien salir, con quien hacer planes, tendría casa propia, sería feliz (con sus matices, ¡obvio!), dejaría de sobrevivir para, por fin, empezar a vivir. Ya no tengo esperanza ninguna. La esperanza de algo mejor, está ahora tan muerta como Yorick. Ves gente adelantando por la derecha, pasando por encima, y piensas "¿Y mi esfuerzo? ¿Y mi felicidad? ¿Por qué ellos sí y yo no? ¿A mí cuándo me toca? ¿Tan mal lo he hecho?". Y así, más de treinta años en los que no dejas de sentirte la mayor bazofia inmerecedora del más mínimo atisbo de algo que pueda hacerte feliz. He ahí la cuestión.

domingo, 8 de agosto de 2021

Perdóname (Relato corto)

 Miré a aquella persona a los ojos. Hacía mucho que no lo hacía. Y empecé a hablarle:

"Sé que me he portado mal contigo. Probablemente eres la persona con la que peor me he portado en toda mi vida. Te he hecho cosas que no le haría ni a mi peor enemigo. Te llevado hasta el límite en más de una ocasión, hasta un punto en el que no podías más. A veces me pedías piedad, pero no toleraba que fracasaba. Te pedía. No. Te exigía que lo dieras todo. Te he machacado cada vez que fracasabas. Te he humillado. "Eres un inútil. No vales para nada. ¿Por qué no sabes hacer nada bien?". Incluso cuando no fracasabas, le quitaba importancia a tus éxitos "En el fondo no te lo mereces. Sólo has tenido suerte. En realidad no te ha quedado tan bien". Te he llegado a torturar psicológicamente, obligándote a pensar y a recrearte en recuerdos que te hacían daño: mirando fotos de aquella relación fallida, recordándote sin parar que la chica que te gusta está ahora mismo con otro y que no le importas. Te he obligado a escuchar canciones que te hacían daño. No te he dejado salir cuando te sentías mal "¿Para qué?", te decía, "No te vale la pena salir de la cama". Ni siquiera te permití contar algo cuando estabas en grupo "Lo que vas a decir no le interesa a nadie. Deja de hacer el ridículo, te vas a dejar en evidencia".

Mi intención era que fueras fuerte, pero sin querer, te he hecho más débil. Y la culpa es mía. De verdad que te ruego encarecidamente que me perdones. Porque sé que llevo toda mi vida tratándote mal. Peor que a nadie. Ojalá te puedas levantar de todo el daño que te he hecho y seas capaz de perdonarme."


Al acabar, aparté la mirada del espejo y salí a intentar superar un nuevo día.




martes, 1 de septiembre de 2020

Seinfeld: "Lo contrario" (The opposite)

 Siempre que me preguntan por mi serie favorita, mi respuesta es la misma desde que tengo uso de razón: Seinfeld. Era una serie que se basaba prácticamente en los diálogos. No era la típica serie que terminaba con una música bonita y un abrazo en grupo o en famiila. Era la gran "comedia" donde el final era un estruendoso "remate" al gran chiste que eran los 20 minutos de capítulo, mi referente número uno a la hora de escribir. Y entre sus personajes, mi favorito no podía ser otro: George Costanza. Y digo que no podía ser otro porque los que me conocéis bien sabéis que mi tipo de personaje favorito, tanto como espectador y como escritor son los fracasados. Y es que siempre he dicho lo mismo: es más fácil sentirnos identificados con Mortadelo y Filemón que con James Bond. 

¿Cómo no quedarse con los personajes fracasados? Homer, Fry en Futurama, Larry David, Juan Cuesta en Aquí no hay quién viva, el frutero en Siete Vidas, Chema en Aída... son ese tipo de personajes que te hace mucha gracia cuando fracasan, pero a la vez te dan penita. Tienes cierta dualidad con respecto a ellos. Pero es que es así, los personajes fracasados son los más graciosos. Porque a ver, ¿qué es más gracioso? ¿Esto?:



¿O esto?


Y George Constanza era el PERDEDOR por naturaleza. Un personaje en paro, había perdido su trabajo, su piso, vivía con sus padres con treinta y pico años y cada vez que le pasaba algo lo única que sabía hacer era gritar, patalear y hacer chiquilliditos que... bueno, eran muy graciosos. La verdad es que me siento muy identificado con este personaje


De repente, en el capítulo 22 de la quinta temporada le ocurre esta genialidad:



Os resumo:

George empieza a comentar en la posibilidad de empezar a hacer lo opouesto a todo lo que había hecho hasta entonces. Empezando por algo tan simple como lo que pide para comer. Entonces, una chica le mira, y se intimida. "¿Por qué no pruebas a hacer lo contrario a partir de ahora? En vez de ensalada de atún y que te intimiden las mujeres, ensalada de pollo y ve derechito a ellas". George probablemente piense "Pues mira... por intentarlo". Al acercarse, la mujer le confiesa "Sí, te miré porque dio la casualidad de que acabas de pedir lo mismo que yo". 

¡Eureka! George lo había conseguido, había tenido una cita gracias a cambiar esa pequeña cosa de su vida. 

Pero sobretodo, me llama la atención el cambio de actitud de George en una frase que dice en el vídeo, justo antes de decidirse a hacer "lo contrario": "No suelo hacer nada más que quedarme aquí sentado lamentándome". El cambio real de George no fue la ensalada, el cambio real de George es que pasó de estar sentado en la mesa del bar comentando con sus amigos que su vida es una mierda, a levantarse y hablar con esa chica. Y la verdad es que la chica le podría haber mandado a la porra, pero al menos, habría dado un cambio en su vida. En el capítulo, la actitud de George cambia totalmente, manda callar a unos gamberros en el cine, rechaza subir al piso de la chica que conoce en el bar aquella noche, sin comerse la cabeza al día siguiente, incluso acaba consiguiendo trabajo el final del capítulo. Obviamente, como cualquier sitcom clásica de los 90 esto dura un episodio, lo justo para que ese cambio haga gracia, y todo esta guionizado para que, esta vez, George no sea un fracasado. ¿Pero por qué George no es un fracasado en este capítulo? Porque es la única vez en todo el capítulo que es activo. Se acerca a la chica, expresa su opinión libremente sin miedo a lo que puedan pensar de ella, se despreocupa de que la chica piense o no en él después de su cita... George se convierte en un agente activo de su propia vida.


Lo genial de este capítulo es que convirtió al esteretipo de fracasado en un triunfador sin falta de "deus ex machina" absurdos, ni giros de guion inverosímiles, sino dándonos a todos una lección tan real como la vida misma de cómo puedes pasar de fracasado a triunfador.


martes, 16 de junio de 2020

Estamos en España, y aquí se habla español

Que no cunda el pánico. No me he vuelto loco, ni votante de Vox, ni nada parecido. Simplemente esta noche, pensando mil mierdas que se me pasan por la cabeza, como hago siempre (unas más importantes que otras), de repente me acordé de esta frase tan lapidaria para los que la dicen, cuando oyen que se habla vasco, gallego, catalán o, incluso, asturiano. Y es esa frase de "Estamos en España, y aquí se habla español". Y estaba yo pensando (qué bien tirado) que no puede haber una frase que te descubra como un ignorante supino más contundente que esa (bueno... sí, las hay, y Santiago Abascal y su tropa se superan en eso día tras día, pero ahora estamos hablando de eso). Pero sí es verdad que es algo que la gente tiene metido en la cabeza, que en cada país se habla su lengua y ninguna más. En España el español, en Francia el francés, en Japón el japonés, en Malta el... maltés, como el alcón, supongo, en Kiribati el... ¿ki... ri... batinés...? Supongo... Pero no, el tema país/lengua que se habla en el país, es muuucho más complicado que usar el gentilicio para denominarlo.Y ya que estoy aquí, me apetecía comentaros algunas de las lenguas y sus países que poco a nada tienen que ver con su gentilicio, para que la próxima vez que os digan esa gilipollez de "Estamos en España y aquí se habla español" para censurar vuestra "otra" lengua materna (permitidme que la llame así a quienes la tengáis, aunque en muchos casos la "otra" sea, en realidad, el español) podáis rebatirlo fácilmente:
Francia: Es obvio que en Francia se habla francés, pero nuestro país vecino tiene una variedad de lenguas más diversa de lo que dicen sus estatutos, que sólo consideran oficial el francés. Y es que además se hablan catalán, vasco, alsaciano (una lengua de origen germánico) y occitano. Por cierto, el occitano también es oficial en Catalunya, junto con el catalán y el castellano. El gran problema en Francia es que sus políticas lingüísticas son prácticamente idénticas a las que tenía Franco en España, incluso ahora en 2020. Es más, hay indicios de que Paquito se basó en Francia para sus políticas lingüísticas en nuestro país.En Francia, más por resistencia de proximidad con otros países que por otra cosa, las lenguas resisten estas políticas asesinas de lenguas (más o menos). En Alemania, donde también se adoptó esa política lingüística, no se corrió tanta suerte, y muchas de estas lenguas están prácticamente moribundas.
Reino Unido: Probablemente Reino Unido debería ser un espejo en el que mirarse en alguna cosa (aunque no tanto en alguna otra, ya me entendéis...). El caso es que supongo que no es ninguna sorpresa para vosotros saber que además de inglés, allí se habla escocés, galés e irlandés.
Italia: El tema de la lengua en Italia es probablemente tan o más conflictivo como lo es en España. Como no me quiero enrollar más de lo debido, simplemente comentaré que en Italia se hablan lenguas como el napolitano, el siciliano, el lombardo... y un montón más que la verdad es que no me acuerdo ahora mismo porque estoy escribiendo sin "hacer trampa" y mirar por Google, pero una barbaridad. Entre las lenguas que se hablan están, por cierto, el catalán y el occitano. Sí, leísteis bien. En Italia se habla una variante del catalán.
Bélgica: Bueno, es otro de esos casos que todos conocemos, donde se habla francés, alemán y flamenco. Además, es uno de esos países que prácticamente puedes oir inglés por las calles sin ningún problema (aunque eso más en algunas zonas de Bruselas, claro)
China: Es uno de mis casos favoritos en cuanto a lenguas se refiere. Primero, porque si le preguntas a cualquiera qué se habla en China en seguida te responde, ¡pues chino, tolai! Pero no, el idioma oficial de China es "el mandarín". Y es que si el castellano presume de tener tantas variantes del idioma como países en los que se habla, el chino prácticamente puede presumir de tener tantas variantes como barrios en los que se habla. Luego está el "chino estándar", que se creó, digamos "artificialmente" para poder unir de alguna manera todas sus variantes y unificar el idioma. Vaya.. ¿de qué me suena eso? Y por supuesto, no nos podemos olvidar del Kantonés, el Shanguinés (creo que lo he escrito bien, no sé), el Ghan... y yo qué sé... Lo dicho, que prácticamente hay tantas lenguas como barrios.
Canadá: De nuevo, otro que conocemos todos. En Canadá son oficiales tanto el inglés como el francés.
Estados Unidos: Este es otro que me encanta, porque es un país que todos conocemos por la cultura que nos ha llegado a través de tantos medios de comunicación. ¿Pero sabéis cuál es la lengua oficial de Estados Unidos? Pues os vais a quedar con el culo prieto, Estados Unidos no tiene lengua oficial. Así es, el país que es el principal culpable de que todo el mundo quiera aprender inglés no tiene el inglés como lengua oficial. Aún así, es obvio y huelga decir que la lengua de Shakespeare es la más hablada del país.  Aunque en algunas zonas, como Florida o partes de California, el español le sigue muy de cerca. Además ocurre una cosa, se dan en algunos sitios situaciones racistas en las que si una persona habla español en público y le oye algún "lumbreras" que no tiene dos dedos de frente, el tío le monta un pollo "¡Esa mierda la hablas en tu casa! ¡Estamos en América! ¡Aquí se habla inglés!". Vaya... la frasecita de marras...

Me he dejado un montón, porque como me ponga a hablar de países sudamericanos, en los que aún se conservan, o se intentan conservar, lenguas indígenas que los conquistadores españoles erradicaron hace siglos, o de países africanos que pueden tener vete tú a saber cuántas lenguas, pues no acabamos.

Y recibiréis respuestas estúpidas, dirán "Pero eso es diferente", "Pero eso lo hablan cuatro gatos" (como si una lengua fuera menos por su número de hablantes). El tema de "lengua de laboratorio" (señor, el español que oye en el telediario es una lengua tan de laboratorio como la que usted está criticando). Ufff... qué sé yo... es que he oído tantas payasadas. Por no hablar lo de "eso no es una lengua", aunque prácticamente todos los filólogos (digo los de verdad, los que estudian las lenguas, no los que les mola dar titulares y poner el cazo mientras ocupan su "puestín" de funcionario tras estudiar cosas que poco o nada tienen que ver con la anatomía de las lenguas y su evolución) hayan dejado bien claro que lo es. Sí, en este caso estoy hablando del asturiano, claro está. También os dirán "Yo tengo un amigo, que es primo de un amigo que vive en tal sitio y me dice que eso no es verdad, que ahí eso no se habla. Lo que pasa es que hablan raro. Los filólogos esos no tienen ni puta idea". Esa última me encanta. Es como si dices "La ballena no es un mamífero, es un paz. Los biólogos no tienen ni puta idea". En fin... que en esos casos, supongo que lo mejor es cerrar los ojos, respirar hondo, darle una palmadita al susodicho, un vasín de leche, arroparle y darle un besito en la frente.

A los de mente abierta, espero que os haya parecido interesante esta entrada.Y recordad no juzgar a nadie por lo que habla. Que ni hablar asturiano te hace ser un paleto, ni hablar inglés te hace ser un erudito.Yo hablo las dos, y no soy ni lo uno ni lo otro.



viernes, 15 de mayo de 2020

La nueva realidad de la ficción

Una cosa que he querido hacer durante estas semanas, meses más bien, de cuarentena ha sido, entre otras cosas, dedicarle algo a la escritura. Quise aprovechar, como supongo que hicimos muchos, a retomar o retocar algunas cositas que tenía a medias por falta de tiempo.
Y así, lo hice, algún diálogo, alguna escena suelta, cosas para "desempolvar" mi escritura. Pero al acabar me di cuenta de un problema: mi escritura ya estaba anticuada.
¿A qué me refiero? A la hora de escribir, mi cabeza aún tiene los tipos de conflictos que se llevaban a cabo a principios de año. En concreto, yo escribía sobre una chica deprimida que se negaba a salir de casa a pesar de la insistencia de sus amigos. "Sal a conocer gente, sal de fiesta con nosotros, haz un viaje...", en fin. Lo típico. Acabé de escribir aquella escena, y me di cuenta, "Pero si esta chica no puede salir... "
Y entonces me di cuenta, la nueva realidad no afecta sólo a la realidad, sino a la ficción. No puedo escribir una historia con la que, al fin y al cabo se supone que el espectador tiene que identificarse, si ya no corresponde a la realidad que vivimos ahora mismo. Y caí, cada vez que mi personaje vaya a la calle, ¿tiene que llevar guantes y máscara? ¿Cada vez que el personaje llega de casa con la compra tiene que lavarse las manos, desinfectarse, etc, etc, etc? ¿Qué pasa con los repartidores de comida? En Proyectu Webserie, Xurde reconocía a Ayalga en esta situación. Con la nueva realidad, eso nunca habria pasado dadas las nuevas normas de seguridad.
Piensa en clásicos. Piensa en Friends, en Seinfeld, en Cómo conocí a vuestra madre. Los personajes principales se reunían siempre en un café. ¿Dónde se reunirían ahora? Pues por Skype, no queda otra.
O en una terraza, ¿no? Sí, pero guardando una distancia de seguridad de dos metros. Nada de abrazos, besos, ni siquiera tortazos. Todo a distancia.



Y salgamos de la ficción y vayamos a producirla. Vale, yo escribo un guion de dos personajes que viven en una casa y digamos que son pareja.En nuestra realidad, esta pareja puede estar en esa casa, sin mascarilla, sin guantes y obviamente puede estar junta, abrazarse, besarse, etc... Pero claro, estas dos personas son dos actores, y la casa no es la suya. Es un decorado. ¿Qué hacemos? Siguiendo las normas estrictas, esta gente tiene que llevar guantes, máscara y guardar entre sí una distancia de seguridad de dos metros, pero grabar esto no va a hacer entender que estas dos personas son una pareja en su casa. Sí, de esto han dicho que proponen hacer test a los actores antes de los rodajes para que no pase nada, pero... ¿sabéis cuántos test hay en el mundo? ¡Poquísimos! Y tendrían que hacerse tests todos los días de rodaje, porque después de rodar, esos actores tienen su vida, van a por el pan, a una terraza, a hacer jogging, qué sé yo...
Es curioso, un colectivo como el de los actores y actrices, a los que prácticamente desde su formación les enseñan a romper la barrera personal que creamos entre nosotros y tocarnos, abrazarnos e incluso besarnos sin miedo, de repente frente a frente con estas normas que pueden joderles la carrera, pero que deben cumplir por su propia integridad física...
 ¿Todo esto quiere decir que de las millones de cosas a tener en cuenta a la hora de escribir un guion útil (número de personajes, escenario, elementos, disponibilidad de los actores, etc...), tendremos que tener en cuenta cosas como cantidad de tests disponibles, por ejemplo?
¿Sabéis? Os reconozco una cosa. Aún no he salido de casa ni para dar un paseo. Y si no lo he hecho ha sido, entre otras cosas que no vienen al caso, porque esta nueva realidad que se nos presenta me da miedo. Urge adaptarse, pero ni siquiera sabemos a qué adaptarnos. Y en la ficción pasa lo mismo. Si piensas en todas las historias que nos enamoraron en series, películas, etc. ocurren fuera de este marco extraño en el que nos encontramos. Y ni siquiera hablo de películas de hace diez años, hablo de películas de hace tres meses. La ficción tendrá que tomar un giro radical si quiere seguir siendo el reflejo de nosotros mismos. El problema es que aún no sabemos cómo somos nosotros mismos ni cuál es esta nueva realidad a la que la ficción tendrá que adaptarse tarde o temprano. Nos esperan nuevos conflictos, tanto en la vida real como en la ficción.

domingo, 22 de septiembre de 2019

En suspenso

Hay un episodio de Los Simpsons que siempre me ha llamado mucho la atención. No es de mis favoritos, ni de los más graciosos, pero sí que es de esos en los que aún se notaba que era Matt Groening el que estaba detrás de los guiones y las ideas. El episodio en concreto se llamaba "Bart en suspenso".
En él, Bart Simpson se ve a punto de repetir curso, así que empieza a esforzarse al máximo para sacarlo. El episodio nos muestra todos los sacrificios, esfuerzos y trabajo duro a los que Bart se somete. Le vemos trabajar honradamente y esforzarse como nunca le habíamos visto en toda la serie(ni le veríamos ya en el futuro, que no es una serie corta que digamos). Cuando al fin llega el día del examen, el espectador, que es consciente de lo mucho que Bart ha sacrificado, se ha esforzado y se ha aplicado, llega el jarro de agua fría, tanto para él como para el espectador (siento no haber encontrado la escena en castellano, tendréis que conformaros con la lengua de Shakespeare)

Después de todo el recorrido que habíamos seguido con nuestro protagonista (porque el protagonistas de las dos primeras temporadas era Bart, no Homer), todo había sido en vano. Bart había suspendido el examen. Y no me digáis que la escena no es, probablemente, unas de las más tristes que hemos podido ver en 30 años de la serie. Cómo va la música, los planos, cómo van cayendo las lágrimas por la cara amarilla de Bart. Esa frase tan matadora "This is the best I can do and I still failed", "Esto es todo lo que puedo hacer, y aún así he suspendido. Aunque ese "fail" en inglés, puede ser un juego de palabras. Quizás ese "fail" no se refiera sólo a suspenso. Quizás se refiera, también, a "fracaso".
Este capítulo trató de enseñar a la gente una lección que muy rara vez vemos reflejada en ningún tipo de ficción: que el esfuerzo, el sacrificio y el ponerle corazón a algo no te garantiza 100% el éxito. Sí, luego Bart dice no sé qué chorrada, Krabappel le da un par de décimas más, aprueba y tenemos final feliz porque esto es televisión y tiene que haber un final feliz por cojones.
Pero lo que me interesa ahora mismo comentar, es esa frase de Bart "This is the best I can do and I still failed". ¿No os habéis sentido así nunca? En prácticamente todos los campos de la vida, nos encontramos con que el esfuerzo nunca garantiza el éxito. Ese proyecto de trabajo por el que te levantas con ilusión cada mañana, que perfeccionas, perfilas, intentas mejorar, por el que llevas soñando toda la vida pero no obtienes los resultados esperados. Esa gente con la que te has esforzado por caer bien, por ser simpático, por ayudar, pero que se olvidan de ti en las fiestas importantes. Esa chica por la que llevas años suspirando, pero que nunca se va a fijar en ti.
En todo pones tu máximo esfuerzo, y ya sea en campo amoroso, social, laboral... por más que te esfuerces, por mucho empeño y corazón y ganas que le pongas. No es suficiente. Porque siempre va a haber alguien que en dos días se quede con ello delante de tus narices, y sin posibilidad de poder hacer nada, porque está en pleno derecho. Simplemente, ha sido más rápido / listo / lo que sea que tú. Y tú te quedas ahí, como Bart, mirando esa hoja con su "F" de fail, su "F" de fracaso, pensando en todo lo que has sufrido, en todo lo que has sacrificado, en todo lo que has trabajado, para quedarte sin el premio que esperabas. En suspenso. Preguntándote para qué ha valido la pena todo lo que habías pasado.