miércoles, 20 de enero de 2016

Es difícil triunfar sin "amigos": el por qué del fracaso de Joey

Recuerdo que Cómo conocí a vuestra madre cuando nació resultó ser una especie de metadona para lo que a muchos fans había supuesto la pérdida de la siempre recordada Friends. Sin embargo, entre la desaparición de Friends y el nacimiento de Cómo conocí a vuestra madre, nacía una serie que realmente tenía el propósito de ser esa metadona: el spin-off protagonizado por Joey llamado, curiosamente, Joey. Es fácil preguntarse, si realmente la gente tenía tanto mono de Friends por qué la audiencia decidió recurrir a otro grupo de jóvenes completamente diferentes en vez de quedarse con Joey si al final era lo mismo. Voy a analizar las que yo creo que fueron las razones por las cuales nuestro querido Joey Trivianni no fue capaz de volar solo, como lo hizo Frasier en su día (o Aída aquí).
Efectivamente la serie resulto un batacazo bastante sonado, y ciertamente si lo pensamos es bastante incomprensible: uno de los personajes más populares de una de las series más populares se acaba ganando su propia historia. Y la historia no es mala, y encima concuerda perfectamente con lo que ya conocíamos del personaje. Echadle un vistazo al final de Friends. Volved a verlo. Venga, espero.. ¿ya? Vale. ¿No habéis visto algo raro? ¿Qué pasa con Joey? Monica y Chandler se van a vivir a las afueras con su bebe, Phoebe se casa, Ross y Rachel también se van juntos. Todos tienen su final tipo “y fueron felices”, pero de Joey no sabemos nada. Por lo visto, aunque ni los guionistas ni los directores fueron los mismos que en Friends, la idea de un spin off sobre Joey ya estaba corriendo por la mente de los guionistas. Joey se queda “huérfano” de todas las personas que conoce en Nueva York (agente Stella incluida) en lo que da la sensación de ser una especie de “a partir de aquí es todo vuestro”. Y la historia está tratada con mucho mimo. El episodio piloto de Joey, creo que es la mejor transición de serie origen a serie propia que he visto en mi vida. Creo… que incluso mejor que en Frasier (sí, lo he dicho). Realmente puedes sentir en Joey esa mezcla de emoción por una nueva vida y añoranza por la que ha dejado atrás que todos nosotros podemos llegar a sentir alguna vez. Puedes imaginarte a Joey en su apartamento de Nueva York pensándose si dejar la gran manzana o no y costándole tomar esa decisión. Y en el resto de episodios, los argumentos y los diálogos de Joey resultan coherentes con el personaje, el estilo de Friends se mantiene y puedes imaginarte los argumentos de Joey pasándole en Friends sin ningún problema. Muy bien, argumento bien, Joey perfecto, ¿Qué narices le pasó entonces?
Pues eso, que si te sales de Joey la serie no tiene más que rascar. Como sabéis he estado leyendo un libro buenisimo: How to Write a Sitcom. En él se habla de una paradoja curiosísima de la sitcom, a pesar del nombre lo que da éxito a una serie de este género no son las situaciones, son los personajes. Joey es magnífico, pero el resto del elenco de Friends tienen el mismo peso en la serie, ninguno está por encima del otro. Lo mismo en Cómo conocí a vuestra madre, a pesar de que sea el que está contando la historia, en realidad los protagonistas son todos ellos. Y no me vale la excusa de que sea un spin off, ¿os imagináis Aida sin Luisma? Voy a ir más allá, ¿os imagináis a Frasier sin Niles, o sin su padre, o sin la cuidadora británica… O INCLUSO SIN EL PERRO? Frasier consiguió un éxito descomunal porque, con la excusa de seguir las andanzas de aquel psicólogo pijo que habíamos conocido en una taberna de Boston, nos presentaron a unos personajes que simplemente eran maravillosos. En Joey, solo esta Joey. Fijaos en el cartel promocional (al final de este artículo). Es más, fijaos en la cabecera:





Creo que la cabecera refleja a la perfección lo que es esta serie: Joey embarcándose a un viaje él solo, sin nadie que le acompañe. Los actores son geniales, y las situaciones de notable alto, pero los personajes son increíblemente olvidables. Todos los argumentos de todos los episodios tienen como principal estrella a Joey, en ningún momento hay respiro para Matt LeBlanc, o al menos, un momento para que el resto de personajes nos permita interesarnos un poquito por ellos. Ese es el gran fallo de esta serie, el espectador quiere personajes por los que preocuparse (así, en plural), y los guionistas fracasaron estrepitosamente con los que nos intentaron presentar. Ni siquiera la tensión sexual no resuelta (que TAN bien había funcionado en Friends)entre Joey y la vecina ayudó (la idea es buena, pero se rellenó de manera regular).
En resumen, la serie vale muchísimo la pena ver si eres fan de Friends y quieres saber que le paso a Joey cuando el resto de personajes fueron buscándose la vida lejos del Central Perk. Eso esta muy cuidado, le da a Joey el final que Friends nos deja en el aire, y aunque cambiemos de guionistas, sigue siendo nuestro Joey inocentón y ligón que tanto adoramos. Por otro lado, esta serie demuestra que no vale un solo personaje bueno y buenas situaciones para hacer de una sitcom un éxito.

martes, 12 de enero de 2016

El running gag vs. la muletilla

El otro día hablaba en mi entrada de las muletillas (o "catch phrases") que inundan las series. Supongo que tras leerlo quedó más o menos claro que... bueno... no soy un fan...


 Ya... Vale, Mark Wahlberg, capto la ironía. Sin embargo hoy quería hablar de otro recurso humorístico por el que sí que tengo aprecio y que sin embargo suele confundirse: me refiero al running gag. Se trata de una situación o un planteamiento que se repite varias veces pero que tiene resultados diferentes. Una forma de decirle al público "Esperad, aquí viene un chiste". Por poneros un ejemplo, aún quizás pareciendo algo nacicista, servirá un monólogo de este joven, atractivo, buenorro y brillante cómico amateur que está empezando y que, chicas, está soltero ;)



Si no nos centramos en lo mucho que os gustaría follaros a este chaval (comprensible), analicemos el curso del running gag. La base es la misma, al cómico le llama la atención la coincidencia entre el apellido de Pedro Aguado y la profesión que le hizo famoso (waterpolista en este caso). A través de la repetición, se ha "educado" al público para que espere un chiste cada vez que menciona esta coincidencia. Si os fijáis, cada vez que el cómico dice "Um... Aguado" se escucha alguna risa ansiosa esperando el gag que ya le han anunciado.
- Pero, Sr. Marcos, ¿no dices siempre que la comedia se basa sobretodo en buscar la sorpresa en el espectador?
¡Así es, Billy! Eso es lo que hace esa técnica tan especial. Aun siendo el planteamiento el mismo, y anunciandote de alguna manera cuando va a llegar el chiste, el cómico sigue buscando la sorpresa. El planteamiento del gag es exactamente el mismo, pero hay unos huecos que rellenar: "¿Os habéis fijado que se llama Aguado y era Waterpolista? Es como si te llamas ______ y te te dedicas a ______". El gag en sí, si os fijáis, está precisamente en los huecos en blanco que rellenar. A diferencia de la muletilla, en la que el gag está en... repetir la puñetera frase como si no hubiera mañana.
La muletilla es la ley del mínimo esfuerzo. Ponla donde sea y el público se reirá:
 -Hola, me llamo Josefina.
-¿Quies salami? / ¡Un poquito de por favor! / ¿He sido yo? / ¡Zas en toda la boca! / ¡Qué pechotes!
Cualquiera vale.
En el running gag, sin embargo, el esfuerzo es notable. No sólo tienes que crear el gag, aunque la situación ya esté dada, sino que tienes que asegurarte de que cada vez que lo uses sea más gracioso. Si el gag que has sacado para el tercer running gag, que es cuando al público ya ha pillado el transcurso del mismo, resulta lo más mínimamente menos gracioso que el segundo, el running gag está arruinado. El running gag tiene que ir in crecendo. Si os fijáis en el vídeo, empieza con algo chistosillo, como lo de Vives, va ahumentando mencionando gente que existe realmente (como Mato y Monedero) y lo remata con algo que roza lo políticamente incorrecto. Esto, obviamente, no está hecho al libre albedrío, sino con la conciencia de que cada gag tiene que ser más sorprendente que el anterior y que debe aportar algo nuevo. Si durante todos los running gags hubiera usado siempre nombres inventados, o durante todo el gag hubiera usado nombres de personas que existen, o si durante todo el gag hubiera sido políticamente incorrecto, lo más probable es que el público se hubiera cansado en cuanto mencionara lo de Aguado por tercera vez. Por eso, aún estando en el mismo contexto, intento cambiar para sorprender al público dentro de lo que el running gag me permite. Eso es lo que me apasiona y lo que admiro de quienes saben hacer running gags, no se trata de repetir.  Es una especie de "pilla pilla", haces que el espectador te siga por un camino y cuando ya esté en ese camino cambias a otro, pero sin dejar de jugar al mismo juego.
Como no quiero parecer un narcicista que se cree la repera, aquí tenéis un estupendo running gag protagonizado por los Teleñecos. Eso sí, en inglés:

Fijáos cómo sube la absurdez en cada llamada. Cada una es más absurda que la anterior. Las dos primeras son más o menos iguales, en cuanto sale agua, Fozzy dice que los que llaman son "The water deparment".Cuando sale humo es "The fire deparment".  A estas alturas ya se ha "educado" al público de cómo va a funcionar el running gag (incluso Gustavo hace un guiño: "I think this is what they call a running gag"). En el tercero, salen monedas y lo primero que piensas es "Vale, ahora va a decir "Money deparment" o "Economy depament", pero pega el giro y dice "Las Vegas". Ha cambiado la estructura para que no nos lo esperáramos y nos provocara risa. Luego la cosa se desborda del todo con explosiones y un chiste políticamente no del todo correcto (recordemos que cuando esto se rodó, estábamos en plena guerra fría) y finalmente Gustavo, que ya ve la estructura, intenta impedir el running gag. Magistral.
Y por eso me encanta el running gag, es algo que aún repitiéndose juega al despiste con el espectador. Nos educa para que pensemos que vamos a obtener una cosa y nos acaba dando otra, dándonos un giro de tuerca más, que en el humor siempre se agradece.Un esfuerzo notable y más que admirable para todos aquellos que consiguen realizarlo bien.
-Pero, Sr. Marcos.
¿Sí, Billy?
-¿Qué significa "running gag"?
...





miércoles, 6 de enero de 2016

El espectador pide pizza.

Hace no muchos años le tenía una manía horrible a la pizza. La odiaba. No sabía qué es lo que tenía esa especie de lasaña redonda con pan, pero a todo el mundo le encantaba. La tenía vetada de mi vida. Esto fue hasta que empecé a vivir solo y mi economía mandaba sobre lo que pedía mi paladar y... resultó ser una de mis comidas favoritas.
¿Os imagináis que acabo aquí la entrada y os dejo así?
El punto al que quiero llegar es que muchas veces tenemos la ilusión de haber elegido algo cuando en realidad no es tanto el que nosotros hayamos elegido como el que no nos hayan dado otra opción. Es como lo que pasa en Asturias con la llingua asturiana. La mayoría de la gente en Asturias cree que habla castellano porque ha sido su decisión cuando, en realidad, nunca se le dio ninguna otra opción.
Pero no vengo a hablar de temas políticos, por ahora, sino de temas artísticos. De la misma manera que pasa con una comida que no has llegado a probar, o que pasa en Asturias con el asturiano, puede llegar a pasar con la ficción que consumimos. Últimamente me veo inmerso en la tele en sitcoms con un guión que parecen fotocopias episodio por episodio: "relleno, relleno relleno relleno *muletilla* relleno relleno relleno relleno *muletilla* relleno relleno relleno *muletilla". Algo así como lo que parodiaban Los Simpsons con aquel genial episodio de "El niño de yo no he sido". ¿Os acordáis?

  Lo sé, la referencia es clara a Cosas de casa, una sitcom norteamericana de los 90, pero en pleno siglo XXI, ¿me vais a decir que la parodia no está más al día que nunca? ¿O me vais a negar que no os recuerda ligeramente a esto?
Umm... una canción que consiste sólo en soltar las muletillas del personaje en la serie, ¿familiar?

Las muletillas (o "catchphrase" como se dice en inglés) parecen estar hoy tan de moda como lo estaban hacen veinte años. Ninguna serie se libra, ni en España ni en EE. UU. (Toc toc, Penny. Toc toc, Penny. Toc toc, Penny). Como siempre, la opinión es subjetiva y lo que yo diga no es ni mucho menos la Biblia, pero personalmente el abuso de muletillas me parece de guionista perezoso. Es como si te dijeran "Hey, ¿os acordáis de aquella situación que nos resultó TAN graciosa? ¿Qué os parece si lo repetimos exactamente igual sin ningún cambio en absoluto?". Sin embargo, comentando esto un amigo mío que sabe de guiones más que yo me hizo ver la otra cara de la moneda, "¿no será - decía -  que es el público el que dice "dadnos más de esto que fue tan gracioso, por favor, no se os ocurra darnos nada nuevo"?" y en gran parte, tiene razón. ¿Cuál es la razón de ser de un guionista sino entretenernos? Oye, y si sabe exactamente qué es lo que hace gracia, ¿por qué no usarlo? Más hoy en día, que gracias a las redes sociales puede estar en contacto con el público prácticamente en tiempo real. Si el público quiere más mandanga, más pinchito, o más pechotes, ¿quién soy yo para no dárselo? Pues aquí viene el problema... ¿y si el público no sabe que quiere algo diferente? ¿Y si está pasando como me pasó a mí con la pizza? Claro que el público te pide más muletillas, pero no le estás ofreciendo algo distinto. ¿Y si al público le apetece un poco de pizza de vez en cuando? Algo que fluya, que se sienta como nuevo, incluso si lo ves dos veces seguidas.
¿Sabéis qué tiene de especial Los Simpsons? ¿Por qué nos ponemos a ver el mismo capítulo una y otra vez? Porque aunque ya nos sepamos los diálogos de memoria, cada capítulo se siente diferente del resto. Cada capítulo de Los Simpsons tiene un alma especial que no tiene que ver con otros capítulos de Los Simpsons. Y esto lo han sabido mantener hasta en sus años más bajos. Sí, tenemos algún que otro "D'oh" o algún "Hola holita, vecinito" pero no te hacen sentir como que esas frases conquistan el episodio o que ralenticen el argumento.
Desde que empiezo a tomarme en serio lo de guionista y he tomado cursos, he podido comprobar de primera mano que, efectivamente, te educan para que escribas según lo que te piden los espectadores y no lo que te pide la historia, pero de nuevo, ¿no será probable que lo que los espectadores quieren es, precisamente, que el guionista respete la historia, aunque él mismo lo ignore pidiendo más de lo mismo? Una historia ha de tomar un giro inesperado de vez en cuando, porque sino se vuelve insulso, previsible y, lo que es peor, olvidable. Para mí el mejor ejemplo del tipo de riesgos que corrieron series como Los Simpson en pro de la historia y haciendo oídos sordos a lo que el espectador creía que quería es este
Estoy seguro de que todos recordaréis esta historia, y estoy seguro de que todos recordaréis que os chocó el final trágicómico. También estoy seguro de que si os preguntaran antes de ver el episodio, pediríais un final feliz. Pero tenéis que reconocerlo, un final como éste, gracioso pero que te sientes culpable de reírte, hace este capítulo uno de los mejores de la larga historia de la serie. Probablemente un final feliz no habría hecho que guardaramos este capítulo en un lugar tan especial de nuestra memoria como lo hizo este final grotesco. Y si recordáis el capítulo, todo está perfectamente diseñado. Podían fácilmente haber hecho de Frank Grimes un capullo que nos cayera mal, pero no. Entendemos su sufrimiento, y hasta entendemos perfectamente el odio hacia nuestro "héroe" Homer. Eso hace que el momento en el que vemos su nombre en la lápida sintamos una mezcla de pena y sonrisa culpable por el gag.
Este capítulo fue contra todos los estándares de lo que supuestamente el espectador quiere: un enemigo de Homer con el que empatizamos y un final más bien amargo. Aún así, es uno de los episodios favoritos de casi todos los fans de la serie. Por otro lado, cuando pasen los años, dudo mucho que la gente recuerde un sólo argumento de un capítulo de La que se avecina (es más, me pongo a pensar ahora mismo y no recuerdo más que gags sueltos, pero ningún argumento).
Por eso creo que, aunque la profesión de guionista, más ahora con las redes sociales, tiene la maravillosa opción de poder escuchar al que, al fin y al cabo, es tu cliente, y es algo que desde luego no está de más, tampoco es mala idea darle un trocito de pizza de vez en cuando. Quizás le guste.

sábado, 2 de enero de 2016

Mucho prometer hasta meter...

Lo sé, prometí una entrada al mes y tengo esto super abandonao, pero, ¿qué más da? ¿Acaso cambiaría algo que lo hubiera mantenido? Sí, falté a mi promesa, pero que sea yo el que no cumple la promesa por una vez tampoco pasa nada.
He acabado el año con una muy mala racha artística. No me pasa nada bueno en ese plano desde Septiembre, cuando me llamaron de Telecinco para aquel casting, y el casting (nervios, miedo y cosas mal hechas juntas) no es que haya salido de vicio. Por no hablar de proyectos que empiezas con toda la puta ilusión del mundo y que se va desmoronando más y más hasta que no te queda más remedio que decir "a la mierda, yo solo no puedo". Duele bastante, pero una retirada a tiempo es una victoria, ¿no? Eso dicen, vaya... De uno de esos proyecto fracasados resultó uno algo más humilde que el que tenía planeado, el canal de Frikaes n'asturianu (sí, publicidad encubierta; y por cierto, acepto sugerencias).
El otro día, volví a ver el vídeo que subí a facebook, en el que finjo celebrar la nochevieja en la puerta del Sol (otro "éxito" ese vídeo, por cierto). Por si alguien (de los... tres que lo vieron) aún lo duda, ese vídeo lo grabé el pasado Septiembre, mientras estaba en Madrid por el famoso casting para Got Talent Spain. Era un momento más o menos dulce, entre otras cosas porque, como se ve en el vídeo, me sentí enteramente apoyado por mucha gente. Ese apoyo ha ido menguando cada vez más estos últimos meses y, sinceramente, cada vez me siento menos apoyado en mi faceta de artista. Puede que la culpa sea mía, no he hecho nada destacable en los últimos tres meses y pico, pero, por otro lado, tampoco he tenido la oportunidad de hacer nada destacable en los últimos tres meses y pico. Y esto me lleva otra vez al tema de las promesas. Y que nadie se ofenda, porque a quien voy a mencionar ahora esun muy buen amigo, pero lo de este verano me ha dejado bastante en la estacada. Nada que él no sepa, de todas formas, se lo dije en su momento ya. Fue una vara, tenía material nuevo preparado específicamente para él, pero no hubo forma de sacarlo a la luz. Mala suerte. Luego pasó lo de Nava... Ovín... lo que sea, donde no sólo me faltaron a promesa a mí sino a mi amiga Adri. Con todo cerrado para un buen bolo con buen público y buena fecha, nos lo cambian a... bueno, no puedo hablar mucho. Digamos que no fue el "feedback" que esperaba. Políticos que incumplen promesas, ¡quién lo diría!
El tiempo pasa, a estas alturas de la vid adebería tener un futuro más o menos encaminado, pero tengo la sensación de que no tengo nada. Nada sobre lo que sostenerme, nada de qué presumir. Sólo anécdotas y la verdad es que me preocupa. Siempre he dicho que por un lado me gustaría tener alguien con quien sentarme a contar estas cosas que me comen, pero por otro, me cuenta tanto sentarme con alguien de verdad a contar estas cosas y agobiarle... Además, cada vez me cuesta más y más confiar en la gente.
Y es lo que me he encontrado desde que me intento meter en este mundo: promesas, promesas, promesas, promesas... Y luego, como me dijo alguien a quien llegué a querer mucho, "mucho prometer hasta meter, una vez metido nada de lo prometido". Curioso que esa frase me la enseñó la persona que incumplió la promesa quemás me destrozó en la vida.