viernes, 15 de mayo de 2020

La nueva realidad de la ficción

Una cosa que he querido hacer durante estas semanas, meses más bien, de cuarentena ha sido, entre otras cosas, dedicarle algo a la escritura. Quise aprovechar, como supongo que hicimos muchos, a retomar o retocar algunas cositas que tenía a medias por falta de tiempo.
Y así, lo hice, algún diálogo, alguna escena suelta, cosas para "desempolvar" mi escritura. Pero al acabar me di cuenta de un problema: mi escritura ya estaba anticuada.
¿A qué me refiero? A la hora de escribir, mi cabeza aún tiene los tipos de conflictos que se llevaban a cabo a principios de año. En concreto, yo escribía sobre una chica deprimida que se negaba a salir de casa a pesar de la insistencia de sus amigos. "Sal a conocer gente, sal de fiesta con nosotros, haz un viaje...", en fin. Lo típico. Acabé de escribir aquella escena, y me di cuenta, "Pero si esta chica no puede salir... "
Y entonces me di cuenta, la nueva realidad no afecta sólo a la realidad, sino a la ficción. No puedo escribir una historia con la que, al fin y al cabo se supone que el espectador tiene que identificarse, si ya no corresponde a la realidad que vivimos ahora mismo. Y caí, cada vez que mi personaje vaya a la calle, ¿tiene que llevar guantes y máscara? ¿Cada vez que el personaje llega de casa con la compra tiene que lavarse las manos, desinfectarse, etc, etc, etc? ¿Qué pasa con los repartidores de comida? En Proyectu Webserie, Xurde reconocía a Ayalga en esta situación. Con la nueva realidad, eso nunca habria pasado dadas las nuevas normas de seguridad.
Piensa en clásicos. Piensa en Friends, en Seinfeld, en Cómo conocí a vuestra madre. Los personajes principales se reunían siempre en un café. ¿Dónde se reunirían ahora? Pues por Skype, no queda otra.
O en una terraza, ¿no? Sí, pero guardando una distancia de seguridad de dos metros. Nada de abrazos, besos, ni siquiera tortazos. Todo a distancia.



Y salgamos de la ficción y vayamos a producirla. Vale, yo escribo un guion de dos personajes que viven en una casa y digamos que son pareja.En nuestra realidad, esta pareja puede estar en esa casa, sin mascarilla, sin guantes y obviamente puede estar junta, abrazarse, besarse, etc... Pero claro, estas dos personas son dos actores, y la casa no es la suya. Es un decorado. ¿Qué hacemos? Siguiendo las normas estrictas, esta gente tiene que llevar guantes, máscara y guardar entre sí una distancia de seguridad de dos metros, pero grabar esto no va a hacer entender que estas dos personas son una pareja en su casa. Sí, de esto han dicho que proponen hacer test a los actores antes de los rodajes para que no pase nada, pero... ¿sabéis cuántos test hay en el mundo? ¡Poquísimos! Y tendrían que hacerse tests todos los días de rodaje, porque después de rodar, esos actores tienen su vida, van a por el pan, a una terraza, a hacer jogging, qué sé yo...
Es curioso, un colectivo como el de los actores y actrices, a los que prácticamente desde su formación les enseñan a romper la barrera personal que creamos entre nosotros y tocarnos, abrazarnos e incluso besarnos sin miedo, de repente frente a frente con estas normas que pueden joderles la carrera, pero que deben cumplir por su propia integridad física...
 ¿Todo esto quiere decir que de las millones de cosas a tener en cuenta a la hora de escribir un guion útil (número de personajes, escenario, elementos, disponibilidad de los actores, etc...), tendremos que tener en cuenta cosas como cantidad de tests disponibles, por ejemplo?
¿Sabéis? Os reconozco una cosa. Aún no he salido de casa ni para dar un paseo. Y si no lo he hecho ha sido, entre otras cosas que no vienen al caso, porque esta nueva realidad que se nos presenta me da miedo. Urge adaptarse, pero ni siquiera sabemos a qué adaptarnos. Y en la ficción pasa lo mismo. Si piensas en todas las historias que nos enamoraron en series, películas, etc. ocurren fuera de este marco extraño en el que nos encontramos. Y ni siquiera hablo de películas de hace diez años, hablo de películas de hace tres meses. La ficción tendrá que tomar un giro radical si quiere seguir siendo el reflejo de nosotros mismos. El problema es que aún no sabemos cómo somos nosotros mismos ni cuál es esta nueva realidad a la que la ficción tendrá que adaptarse tarde o temprano. Nos esperan nuevos conflictos, tanto en la vida real como en la ficción.

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