¿Os imagináis que acabo aquí la entrada y os dejo así?
El punto al que quiero llegar es que muchas veces tenemos la ilusión de haber elegido algo cuando en realidad no es tanto el que nosotros hayamos elegido como el que no nos hayan dado otra opción. Es como lo que pasa en Asturias con la llingua asturiana. La mayoría de la gente en Asturias cree que habla castellano porque ha sido su decisión cuando, en realidad, nunca se le dio ninguna otra opción.
Pero no vengo a hablar de temas políticos, por ahora, sino de temas artísticos. De la misma manera que pasa con una comida que no has llegado a probar, o que pasa en Asturias con el asturiano, puede llegar a pasar con la ficción que consumimos. Últimamente me veo inmerso en la tele en sitcoms con un guión que parecen fotocopias episodio por episodio: "relleno, relleno relleno relleno *muletilla* relleno relleno relleno relleno *muletilla* relleno relleno relleno *muletilla". Algo así como lo que parodiaban Los Simpsons con aquel genial episodio de "El niño de yo no he sido". ¿Os acordáis?
Lo sé, la referencia es clara a Cosas de casa, una sitcom norteamericana de los 90, pero en pleno siglo XXI, ¿me vais a decir que la parodia no está más al día que nunca? ¿O me vais a negar que no os recuerda ligeramente a esto?
Las muletillas (o "catchphrase" como se dice en inglés) parecen estar hoy tan de moda como lo estaban hacen veinte años. Ninguna serie se libra, ni en España ni en EE. UU. (Toc toc, Penny. Toc toc, Penny. Toc toc, Penny). Como siempre, la opinión es subjetiva y lo que yo diga no es ni mucho menos la Biblia, pero personalmente el abuso de muletillas me parece de guionista perezoso. Es como si te dijeran "Hey, ¿os acordáis de aquella situación que nos resultó TAN graciosa? ¿Qué os parece si lo repetimos exactamente igual sin ningún cambio en absoluto?". Sin embargo, comentando esto un amigo mío que sabe de guiones más que yo me hizo ver la otra cara de la moneda, "¿no será - decía - que es el público el que dice "dadnos más de esto que fue tan gracioso, por favor, no se os ocurra darnos nada nuevo"?" y en gran parte, tiene razón. ¿Cuál es la razón de ser de un guionista sino entretenernos? Oye, y si sabe exactamente qué es lo que hace gracia, ¿por qué no usarlo? Más hoy en día, que gracias a las redes sociales puede estar en contacto con el público prácticamente en tiempo real. Si el público quiere más mandanga, más pinchito, o más pechotes, ¿quién soy yo para no dárselo? Pues aquí viene el problema... ¿y si el público no sabe que quiere algo diferente? ¿Y si está pasando como me pasó a mí con la pizza? Claro que el público te pide más muletillas, pero no le estás ofreciendo algo distinto. ¿Y si al público le apetece un poco de pizza de vez en cuando? Algo que fluya, que se sienta como nuevo, incluso si lo ves dos veces seguidas.
¿Sabéis qué tiene de especial Los Simpsons? ¿Por qué nos ponemos a ver el mismo capítulo una y otra vez? Porque aunque ya nos sepamos los diálogos de memoria, cada capítulo se siente diferente del resto. Cada capítulo de Los Simpsons tiene un alma especial que no tiene que ver con otros capítulos de Los Simpsons. Y esto lo han sabido mantener hasta en sus años más bajos. Sí, tenemos algún que otro "D'oh" o algún "Hola holita, vecinito" pero no te hacen sentir como que esas frases conquistan el episodio o que ralenticen el argumento.
Desde que empiezo a tomarme en serio lo de guionista y he tomado cursos, he podido comprobar de primera mano que, efectivamente, te educan para que escribas según lo que te piden los espectadores y no lo que te pide la historia, pero de nuevo, ¿no será probable que lo que los espectadores quieren es, precisamente, que el guionista respete la historia, aunque él mismo lo ignore pidiendo más de lo mismo? Una historia ha de tomar un giro inesperado de vez en cuando, porque sino se vuelve insulso, previsible y, lo que es peor, olvidable. Para mí el mejor ejemplo del tipo de riesgos que corrieron series como Los Simpson en pro de la historia y haciendo oídos sordos a lo que el espectador creía que quería es este
Este capítulo fue contra todos los estándares de lo que supuestamente el espectador quiere: un enemigo de Homer con el que empatizamos y un final más bien amargo. Aún así, es uno de los episodios favoritos de casi todos los fans de la serie. Por otro lado, cuando pasen los años, dudo mucho que la gente recuerde un sólo argumento de un capítulo de La que se avecina (es más, me pongo a pensar ahora mismo y no recuerdo más que gags sueltos, pero ningún argumento).
Por eso creo que, aunque la profesión de guionista, más ahora con las redes sociales, tiene la maravillosa opción de poder escuchar al que, al fin y al cabo, es tu cliente, y es algo que desde luego no está de más, tampoco es mala idea darle un trocito de pizza de vez en cuando. Quizás le guste.
no se porque, lo de graimito me ha recordado a lo del perro de Fry!!!
ResponderEliminar