lunes, 1 de febrero de 2016

Cuando las risas se convierten en energía

¿He hablado ya de mi bolo el viernes pasao en el Riera? Vaaale, sí, ya paro. Pero quería hablar un poco sobre lo que supone para mí ese bolo. Y no, esto no es una entrada para hablar de lo maravillosamente guay que soy, no voy a empezar a... en fin...
Eso. Como ya dije repetidas veces, lo especial de ese bolo fue el hecho de actuar en mi pueblo, en Villaviciosa, donde hacía ya diez años (¡¡DIEZ AÑOS!!) que no pisaba un escenario. He estado en Noreña, en Vegadeo, en La Felguera, , en Nava, en Bimenes, en Gijón, en Oviedo... qué sé yo en cuántos sitios, pero llevaba diez años sin actuar en Villaviciosa. No sé, supongo que uno nunca es profeta en su tierra. Y encima en el Teatro Riera, que es donde hice por primera vez un monólogo con público (aquel sobre las cajeras y todo eso), nada menos que con trece añitos. Uf, cómo pasa el tiempo. Pero esto ya lo había dicho.
Pero es que además de todo eso, este bolo era muy especial porque me ponía a mí mismo a prueba como cómico. Siempre he dicho que mi mayor miedo es el día en que me toque actuar en un momento en el que no esté dispuesto a hacer reír, y el viernes pasado fue lo más cerca que estuve de ese momento.
No es que me pasara nada especialmente grave (gracias a Dios), no se me ha muerto nadie, pero sí estoy pasando por una época bastante complicada en mi trabajo. MUY complicada. En la entrevista que hice para La Nueva España le hablaba a Mariola de mis trabajos. Ahí está bien claro explicado "Uno me da dinero y el otro felicidad". El problema es que el que me da dinero me está fallando más y más, hasta el punto que estoy al borde del paro (otra vez), y mi estado de humor... bueno, la semana que pasada no era el mejor del mundo. Agobiado, desganado y con la cabeza carcomida con los problemas económicos que, OTRA VEZ, están a punto de venirseme encima. No, no había muchas ganas de hacer reír.
Aún así, el trabajo es el trabajo, "show must go on", y si yo digo que soy cómico achaco con todas sus consecuencias, las buenas y las malas. Ahí me subí yo, con mi texto, mi micro (bueno, el del teatro) y mis chorradas y... me encontré increíblemente cómodo
Ahí estaba yo, con todos mis problemas, superando uno de mis miedos, el de actuar sin estar con el mejor de los ánimos. Estoy orgulloso de mí mismo, porque creo que el resultado fue muy bueno. En gran parte gracias al público que respondió fenomenalmente, claro está.
Por eso este último bolo también ha sido importante para mí. Me ha puesto a prueba, y me ha demostrado que sí que valgo para hacer el tonto delante de la gente, y que puedo apechugar no sólo con lo bueno de esta profesión sino también con lo malo.
Exactamente, tengo dos trabajos en este preciso instante: uno que me da dinero y otro que me da felicidad. Pero hoy he comprobado que, aunque puede llegar el punto en el que el primero no me dé dinero, el otro siempre me dará felicidad. En Villaviciosa (no podía ser en otro sitio) me han dicho a través de risas y aplausos, que puedo con todo. Y yo, en agradecimiento, estaré ahí siempre que me necesiten para hacer reír pase lo que pase. Es mi trabajo. Y me hace feliz.


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