viernes, 3 de agosto de 2018

Cicatrices



Agosto. Ese mes maldito para mí. Hoy hace ya cinco años del peor agosto de mi vida. Aquella llamada de teléfono, aquella voz alejada de mí, ya no sólo por la distancia real, sino en espíritu. Aquella voz entrecortada que no se atrevía a decirme por segunda vez lo que me temía que iba a escuchar por segunda vez: "No vuelvas a llamarme cariño" y desde luego la frase que cambio mi vida y mi forma de ver a la humanidad para siempre: "Te he sido infiel". El tiempo se detuvo, y lo que sentí, creo que fue más o menos algo parecido a esto...



Todo esto en 2013. Estamos en 2018 y a veces aún sigo pagando las consecuencias de aquello. ¿Cómo no pagarlas? Si alguien a quien te has dedicado años a hacer feliz te hace esto, alguien por quien has luchado, la persona más importante del mundo para ti... ¿qué esperar de los demás? Sí, creo que mi personalidad cambió bastante de aquello. Siempre fui tímido, pero desde entonces, soy tímido y desconfiado.

Lo que más me jode es que más o menos lo tenía superado ya. Estuve como meses sin pensar en todo este tema. Meses. Lo sé, ya era hora, pero para mí era un record. Un record muy importante. Pero de repente, como diría Rajoy, "pasan cosas" y todo vuelve otra vez. De repente, estoy cinco años después, un viernes por la noche solo en mi casa, mirando al techo y pensando en todo lo que he hecho para bien y para mal estos años y me he dado cuenta de varias cosas.

Esto es algo que me ha dejado cicatriz de por vida. Y una de esas cicatrices que no se cierran nunca del todo. ¿Sabes? Como... no sé, una herida de guerra... o alguna de borrachera de alguna persona que conozco. Sea como sea, las cicatrices nacen, por lo general, de un error, y esta desde luego nació del mayor error que, sin duda, cometí en la vida: darle una segunda oportunidad a una persona. Los que me conocen de unos años para acá lo saben: no doy segundas oportunidades a la gente (ya no). Bueno, pues aquí tenéis el por qué. Una vez que alguien me decepciona no me recupera. Por desgracia, creo que aprendí a las malas que la gente no cambia y que una vez que alguien te apuñala lo puede volver a hacer tarde o temprano.

Tampoco me puedo quejar de cómo me han ido las cosas en otros campos de la vida. He seguido luchando por lo que me gusta, por hacer feliz a la gente (irónico, ¿verdad? A veces parece que soy incapaz de hacerme feliz a mí mismo...). Y bueno, he seguido escribiendo, enseñando, monologueando, doblando, he codirigido un cortometraje, y tengo un par de proyectos por ahí de los que no puedo hablar pero que parece que seguirán adelante (cruzo los dedos). Yo creo que esas cosas son las que realmente me han mantenido vivo y, sobretodo, con ganas de vivir. Haber conocido gente como los... ¿dos? ¿Tres? compañeros de Zamora con los que pude jugar a mi juego favorito: contar historias. O como mis compañeros y alumnos en La Escuela de Mila... aún recuerdo aquella conversación con Mila después de una cagada que tuve en los primeros meses de trabajo debido al estrés de... bueno, de todo. Me acuerdo que estaba temblando y apunto de llorar, me preguntó que qué me pasaba y yo dije que sabía que me iba a despedir. Me preguntó si pensaba que no merecía una segunda oportunidad y le respondí "Yo no me la daría". Su respuesta fue concisa, ella cree en la gente y decidió dármela. Al final, fue la mejor relación laboral que tuve en toda mi vida. Madre mia, qué suerte más grande he tenido de encontrarme con esa gente y ese lugar. O gente como los de Cuatro Gotes, que son tan cotillas que es probable que lean esto en algún momento, ¡hola, chicos! ¡Os pillé! En ese sentido, creo que las cosas me han ido bastante bien.

Pero en otros campos, digamos más íntimos la suerte me ha sido tan jodidamente esquiva. ¡Y tampoco es que vaya tirándome por las calles gritando "necesito tener pareja, por Dios, cómo me gustaría tener novia"! No. Joder, lo he dicho muchas veces. Ser soltero es genial. Tus planes son para ti, tu tiempo es para ti, TU DINERO es para ti, tienes tus... bueno... tus noches de "pues... ala... a descargar...". Pero a veces... no sé... a veces me gustaría "descargar" con alguien con quien quisiera quedarme después en la cama. Y no es que no me haya vuelto a fijar en nadie. No me he enamorado (ni ganas), pero no sé... la próxima vez que tenga algo, quiero que sea poco a poco. Y he tenido cuelgues. Cuelgues fuertes. Pero cuelgues que luego resultan en nada. Cuelgues de ver a alguien con quien te sientes a gusto mirar hacia otra persona, hacia otro lugar, o directamente ignorarte y tener que joderme, tragarme mis sentimientos, guardarlos en la caja y joderme. Y encima, no poder compartirlos con nadie, porque incluso si lo hago siempre hay algún "te lo dije" o "es que no era para ti" que es lo último que necesito oir. Y joder... llegas a pensar... ¿pero tan malo soy? ¿Tan horrible soy? No pido casarme ya, no pido una relación de planear un futuro... pido ser correspondido de una jodida vez. Parece que siempre que tengo un cuelgue, por muy en los labios que me lo pongan, pasa algo (o mejor dicho, alguien) que me lo impide. El último que tuve estuve cerquísima de decirle algo, pero de repente pensé en... bueno... en hace cinco años. La miré, guapísima, sonriendo. No sé ni de qué estábamos hablando. Sé que de alguna parida. Pensé en los momentos con aquella chica, la de hace cinco años, y en cómo me demostró que cualquier persona, por en las nubes que te haga sentir en un momento, puede hacerte sentir la persona más miserable del mundo en segundos. No le dije nada a mi cuelgue. Lo dejé pasar. No quería que me hiciera daño. Después de eso, hace no mucho (dos semanas o así) me enteré de que empezó con alguien. ¡Auch! Duele. Supongo que es para bien al fin y al cabo, pero... joder... ¿y yo cuándo?

En fin... y eso es todo lo que me está pasando por la cabeza este día tan jodido para mí. Me gustaría de verdad conocer a alguien, reírme, jugar, pasarlo bien... sin más. Pero voy con tan poca prisa que siempre se me adelantan por la derecha. Joder, ¡y los hay que van a una velocidad de la hostia!

Y sí, lo siento. Lo siento mucho. Han pasado cinco putos años, debería tener esta puerta más que cerrada, pero... con estas cosas que me van pasando tan recientes y el jodido hecho de que, al fin y al cabo, esta muchacha, por mal que acabaran las cosas, fue la única que hizo que me sintiera querido y especial... Por otro lado, tampoco parezco haber sido lo suficientemente querido ni especial como para un simple y llano "Te he hecho trizas el corazón, no vas a volver a confiar en la gente como antes por mi culpa. LO SIENTO". Son dos palabras. No has tenido nunca las malditas pelotas de decírmelo. ¡¡¡Nunca!!! Y tengo la sensación de que esta cicatriz es tan grande, que ya puedo tener al amor de mi vida delante de mis jodidas narices pidiéndome que la haga feliz, que sólo pensaré en lo duro que es entregarte a alguien para que te apuñalen por la espalda. Porque por culpa de esta cicatriz, a la amistad no le doy nunca una segunda oportunidad. ¿Al amor? (o... rollo... lío... lo que sea...) Al amor ni una. Quizás le tenía que haber dicho algo a esa muchacha (repito, no era amor, era más bien cuelgue), o quizás hice bien en dejarlo así. No lo sé. Creo que prefiero ser el divertido perdedor pagafantas (Dios, me encanta esa palabra, de lo mejor que aprendí en Zamora) a lo que era en estos momentos hace cinco años.

Creeme, ojalá no siguiera pensando en ti. Y durante mucho tiempo lo había conseguido. Pero me pasa como a este hamster en 0:46
¿Dos vídeos de Los Simpson en una entrada sobre mis sentimientos? Creo que he tocado techo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario